Canto en Casa

Cómo usar el canto para desconectar del trabajo administrativo cada tarde

Canto en casa para desconectar del trabajo administrativo: auriculares y teléfono en el sofá de un depto en Valparaíso

Cuesta más apagar la cabeza que apagar el computador. Es la pregunta que me hago casi todas las tardes, apenas cierro la última planilla del trabajo administrativo. No tengo una respuesta clara todavía, solo una costumbre que empezó hace tres años: cantar en casa, sola, hasta que algo del día se afloja.

Me pongo los auriculares y todavía siento ese borde frío del izquierdo apretándome la oreja los primeros segundos, antes de que se entibie y deje de importar. Ahí empieza, casi siempre, sin que yo lo decida del todo.

Antes de seguir, algo que prefiero dejar claro desde ya: algunos de los enlaces que dejo en este cuaderno son de afiliado con Hotmart. Si alguien compra un curso por ese camino, a mí me llega una comisión chica y a esa persona no le cambia el precio en nada. Es lo que ayuda a sostener este espacio donde escribo de noche, con el té ya tibio, acá en Valparaíso. Solo dejo lo que de verdad uso yo.

No le rindo cuentas a nadie con esto

No soy cantante ni pretendo serlo. Lo que busco cada tarde es un rato que no le sirva a nadie más que a mí, algo que en el fondo es un hobby solitario del que no rindo cuentas a nadie, ni siquiera a mí misma casi nunca. Sigo siendo principiante en esto y no me molesta para nada; todavía trabo frases enteras casi todas las noches.

Teléfono grabando una sesión de canto en casa, hobby principiante para desconectar del trabajo

El eco me bloqueaba la voz esa tarde

Probé cantar sin auriculares una sola vez, solo por curiosidad, y el eco del living me devolvía cada frase con un retraso que me hacía trabarme a medio verso; dejé de intentarlo a los pocos segundos y no he vuelto a repetirlo, auriculares puestos desde entonces, sin excepción. Fue por esos días que abrí el Curso Basico de Canto [El que abri un martes], buscando algo que me ayudara a entender por qué la voz se me cerraba justo en las partes más altas, sin que nadie tuviera que escucharme mientras lo intentaba.

No prometía convertirme en nada. Solo daba ejercicios para hacer sola, a mi ritmo, sin escenario de por medio. Algo se afloja ahí, en la garganta, aunque no sabría explicar bien qué pasa exactamente, tiene que ver con la laringe más de lo que yo entiendo, y prefiero dejarlo así, sin inventar explicaciones que no me corresponden. Lo que sí noto es que ese aflojarse tiene que ver directo con desconectarse de las pantallas del trabajo, aunque sea por un rato corto y nada más.

Cantar feo, mi manera de desconectar

Cantar feo a propósito es otra costumbre mía, una que empezó una tarde particularmente pesada, peleando con un archivo que no cuadraba, cuando simplemente dejé salir sonidos que no eran ni palabras ni notas. Grité un poco, bajito, para que no se oyera afuera, y comprobé otra vez que cantar mal ayuda a soltar la tensión de un día raro mejor que quedarme calladita rumiándolo para adentro. Cantar después de una jornada de trabajo administrativo es, para varias personas que conozco en estas comunidades online, una manera silenciosa de bajar la carga del día, aunque cada una lo viva a su modo y por sus propias razones.

Mano sobre el pecho sintiendo la vibración de una nota baja al cantar en casa, bienestar emocional después del trabajo

Esa libertad no tiene nada que ver con sonar bien. Tiene que ver con que no hay planillas esperando, ni un jefe pidiendo un informe para ayer, solo el aire pasando por donde tenga que pasar. Hace poco, sin buscarlo, canté dos versos seguidos sin que la voz se quebrara ni una vez, y me reí sola en el living, sorprendida de mí misma, como si otra persona hubiera estado cantando.

Vicente en Mendoza, Elba y la lluvia de Valdivia

Vicente, un contacto que hice en una comunidad de práctica vocal online y que vive en Mendoza, no falta nunca a su intento semanal; ahí sí me gana, porque a mí se me pasan tardes enteras sin ánimo de abrir nada. Elba, que compite conmigo en el mismo reto de canciones dentro de la misma app, mete la lluvia de Valdivia en casi todo lo que escribe, llueva o no allá afuera, y cada vez que leo uno de sus comentarios me pregunto cómo hace para que todo le suene a lluvia.

Entre esos dos ando yo, con los pendientes de siempre: cantar sin molestar a los vecinos del depto sigue siendo un ejercicio que los auriculares resuelven solo a medias, mejorar la acústica de donde canto es un cuento que todavía no me pongo a mirar en serio, y calentar la voz antes de partir es un hábito que casi nunca cumplo. Los agudos siguen siendo mi propio problema, uno que no pienso resolver acá, y la respiración para no cansarme a media canción anda por el mismo camino: resuelta de oído y nada más. Cuando escucho la grabación después, tampoco ayuda mucho: mi voz grabada nunca suena como la que oigo por dentro mientras canto, un tema que da para otro cuaderno aparte.

El canto se me escapa fuera de casa

El sábado pasado caminaba entre puestos de la Feria de las Pulgas de Playa Ancha, sin buscar nada en particular, y me pillé tarareando bajito entre la gente, sin darme ni cuenta hasta que una señora me miró y sonrió. Cantar ya se me escapa fuera de la casa, en pedacitos, cuando menos lo planeo.

Si el trabajo te está dejando como de cartón, capaz que no necesites otro método de organización, sino un rato donde hacer ruido sin que nadie evalúe el resultado. El Curso Basico de Canto [El que abri un martes] fue mi manera de darle una forma mínima a ese ruido, para que de a poco se pareciera más a una canción y menos a un desahogo cualquiera. No hace falta escenario ni público: a veces alcanza con un par de auriculares y ganas de escucharse a una misma, lejos del ruido de la oficina.

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